<?xml version="1.0" encoding="utf-8" standalone="yes"?><rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"><channel><title>Nacho E Inés en Ecuador on Un blog</title><link>https://nachof.blog/series/nacho-e-in%C3%A9s-en-ecuador/</link><description>Recent content in Nacho E Inés en Ecuador on Un blog</description><generator>Hugo</generator><language>es-UY</language><lastBuildDate>Fri, 10 Aug 2012 16:53:37 -0300</lastBuildDate><atom:link href="https://nachof.blog/series/nacho-e-in%C3%A9s-en-ecuador/index.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><item><title>Capitulo 12: Después del cual nos dejamos de spammear.</title><link>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-12-despues-del-cual-nos-dejamos-de-spammear/</link><pubDate>Fri, 10 Aug 2012 16:53:37 -0300</pubDate><guid>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-12-despues-del-cual-nos-dejamos-de-spammear/</guid><description>&lt;blockquote style="display: flex;"&gt;
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 Este post es muy viejo. Fue escrito muchos años antes de la existencia de este blog, y copiado sin mucha revisión. Fue escrito para una audiencia específica, en otra época.
&lt;/blockquote&gt;

&lt;p&gt;Ayer nos despertamos a las ocho para desayunar. Yo en realidad me levanté un poco antes, porque tenía la intención de una última zambullida en el río. Cuando me asomé a la ventana ví que había tres canoas &amp;ndash; la de remos y dos a motor: una para llevarnos a nosotros, y la otra para llevar a los nuevos a hacer el paseo del shaman. Tantas canoas bloqueaban totalmente el acceso al río, así que volví a la cama y me tiré a leer.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después de desayunar terminamos de acomodar todas las cosas y nos fuimos a tirar en las hamacas paraguayas. En teoría salíamos a las diez y media, pero nueve y media nos empezaron a llamar, y apuraron a Gunther y a Luca que todavía estaban en la habitación ordenando.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el viaje de vuelta logramos ver dos animales que no habíamos visto. Uno era un perezoso (creemos), y se juntaron tres canoas alrededor del pobre bicho que estaba colgado de un árbol. En total éramos treinta personas para sólo un animalito.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al rato vimos una anaconda. De nuevo se acumularon canoas alrededor, pero sólo dos esta vez. Aunque cuando nos fuimos venía otra atrás.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El resto del viaje en canoa fue bastante aburrido, porque ya no había mucha cosa nueva para ver. La vista igual seguía siendo impresionante.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Llegamos al puente y cambiamos a una camioneta que nos iba a llevar hasta el aeropuerto. Durante el viaje Gunther practicaba su español con Carlos, el conductor, que parecía creer que gritando iba a ser más fácil que Gunther le entendiera. Cuando se trababan interveníamos para traducir un poco.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A mitad del camino más o menos paramos para almorzar. Arroz, porotos, pollo, y ensalada. Todo muy rico, excepto que la ensalada estaba caliente por el viaje, y no era lo mejor. A Inés no le gustó el pollo porque le tocó pechuga y no se avivó de cambiármelo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Llegamos al aeropuerto demasiado temprano. Serían como dos y media, y el vuelo salía cinco y diez. El aeropuerto estaba casi vacío. No había nadie en los puestos de check in. Después de esperar un rato aparecieron, hicimos check in, y nos sentamos a esperar a que apareciera alguien en la entrada a la sala de embarque. El aeropuerto es re chiquito. Lo único peor que estar clavado en un aeropuerto es estar clavado en un aeropuerto chico. Había sólo una tiendita, que tenía bebidas, helados, y unos souvenirs horribles. Al final entramos, y nos sentamos de nuevo a esperar que llegara el avión. Era el único vuelo, creo que del día, así que todos los que estaban iban al avión.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El vuelo en sí fue otro saltito de media hora, nada más. Una vez llegados a Quito nos despedimos de Gunther y Luca, con quienes ya intercambiamos direcciones de email para compartir fotos, y nos vinimos al hotel.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el hotel el padre de Aimee nos trajo la mochila, y salimos a cenar. Fuimos a un local que decía &amp;ldquo;vinos y tapas&amp;rdquo;. Era medio caro, pero funcionaba así: te iban trayendo comida, todo lo que pudieras comer. Y todo lo que pudieras tomar de vino. Los diferentes precios eran las diferentes categorías de vinos que tenían. Tomamos y comimos hasta que no podíamos más, y nos volvimos a dormir, con toda la intención de despertarnos tarde.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No funcionó mucho. A las ocho estábamos en pié, bañados, y bajando a desayunar. Después de eso fuimos a hacer algunas últimas compras esenciales (como chocolates, por ejemplo), y volvimos a ordenar todas las cosas. Inés, con ese radar que tiene, encontró otra feria artesanal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hicimos el check out, pagamos, y dejamos las mochilas archivadas en el hotel, y ahora estamos medio sin mucho para hacer, porque no nos da el tiempo para hacer demasiado. Pensamos salir para el aeropuerto a las cinco, y son doce y media. Tenemos que almorzar en algún momento, y pensamos pasar por el local de los chocolates a comer algo de eso que tienen preparado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y bueno, creo que eso es básicamente todo. Vamos a estar en Montevideo en 21 horas.&lt;/p&gt;
</description></item><item><title>Capítulo 11: En el que tenemos compañeritos nuevos</title><link>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-11-en-el-que-tenemos-companeritos-nuevos/</link><pubDate>Thu, 09 Aug 2012 16:53:37 -0300</pubDate><guid>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-11-en-el-que-tenemos-companeritos-nuevos/</guid><description>&lt;blockquote style="display: flex;"&gt;
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 &lt;/span&gt;
 &lt;/div&gt;
 Este post es muy viejo. Fue escrito muchos años antes de la existencia de este blog, y copiado sin mucha revisión. Fue escrito para una audiencia específica, en otra época.
&lt;/blockquote&gt;

&lt;p&gt;Hoy nos levantamos a las cinco y media, porque a las seis de la mañana
teníamos que salir a pasear.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Salimos en una canoa a remos, río abajo, y paramos en una isla a
pasear y mirar pajaritos y plantitas y bichitos. Jugamos un rato con
un machete, y volvimos a la canoa. A la vuelta fue un poco más
difícil, porque la corriente nos jugaba en contra. En un momento
incluso nos quedamos atascados con un tronco que estaba sumergido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A la vuelta de eso el plan era ir a pescar, en la misma canoa a remos.
El tema es que a Inés le daba miedo la canoa, porque era muy llanita y
se movía mucho, y a mí me embolaba un cacho la parte de pescar, así
que nos quedamos acá en el lodge, haciendo un poco de nada, leyendo, y
nadando en el río, mientras que Gunther y Luca se iban a pescar, y
Kurt se iba a buscar a turistas nuevos que acababan de llegar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando volvieron, comimos. Los nuevos son una pareja de italianos y
una pareja de ingleses. Los mirás y inmediatamente te das cuenta de
qué nacionalidad tienen. El almuerzo era bien raro, con varios idiomas
sonando a la vez: italiano, alemán, inglés, español, francés, y en la
cocina hasta quichua sonaba.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Inés está toda picada por los mosquitos. La picaron tanto que le
provocaron lo que ella opina es una reacción alérgica. Kurt nos dió
una pomada medio milagrosa que hace que las picaduras de mosquito te
dejen de picar. Es genial.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después de comer salimos a pasear en barquito, otra vez a ver la
puesta de sol, pero esta vez en una laguna diferente. Esta vez me
llevé el short de baño, y me pude tirar desde la canoa a nadar.
Obviamente, es mucho más fácil bajar de la canoa que subirse a ella.
Gunther y Luca también aprovecharon y nadaron un rato. Inés no quiso,
y los nuevos todavía tienen toda la timidez. Además, parece que el
italiano está ofendido de que cuando Gunther se zambulló le salpicó la
cámara. Por eso yo me tiré desde la proa, menos chances de salpicar
gente. Sólo salpiqué a Inés cuando me volví a subir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Luego de eso, y de mirar un rato las estrellas desde el barquito,
volvimos a cenar. Estuvimos un rato tirados sin hacer nada, en las
hamacas paraguayas, y luego vinimos a ordenar todas las cosas, porque
mañana nos vamos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El plan para mañana es desayunar a las ocho, y luego esperar a que nos
vengan a buscar a eso de las diez y media. De ahí al puente en canoa,
luego a Lago Agrio en ómnibus, y luego a Quito en avión. Un día en
Quito y nos volvemos para Montevideo.&lt;/p&gt;
</description></item><item><title>Capítulo 10: En el que un pequeño simio llamado Nacho conoce a un simio grande llamado Nacho</title><link>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-10-en-el-que-un-pequeno-simio-llamado-nacho-conoce-a-un-simio-grande-llamado-nacho/</link><pubDate>Wed, 08 Aug 2012 16:53:37 -0300</pubDate><guid>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-10-en-el-que-un-pequeno-simio-llamado-nacho-conoce-a-un-simio-grande-llamado-nacho/</guid><description>&lt;blockquote style="display: flex;"&gt;
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 &lt;/div&gt;
 Este post es muy viejo. Fue escrito muchos años antes de la existencia de este blog, y copiado sin mucha revisión. Fue escrito para una audiencia específica, en otra época.
&lt;/blockquote&gt;

&lt;p&gt;No sabemos cuándo vamos a mandar esto. Hoy es miércoles. Estamos desde
ayer en la reserva de Cuyabeno, y acá obviamente no hay internet.
Apenas hay electricidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Igual vamos a empezar el cuento desde un poco más atrás. Después de
mandar el capítulo anterior nos fuimos a cenar con Andrés Aguilar, que
es un jugador ecuatoriano de go. Nos llevó a comer tamales y otras
cosas de las que no nos acordamos los nombres. Después nos fuimos a
tomar unos tés y cafés.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A la mañana siguiente nos levantamos bien temprano, hicimos el
checkout, y nos fuimos al aeropuerto. Inés quiso desayunar, lo que no
es común. Resultó ser una excelente idea, porque íbamos a tardar un
buen rato en almorzar, sólo que no lo sabíamos. El vuelo a Lago Agrio
lleva sólo media hora. Más que un vuelo es un salto. Apenas termina de
subir ya te dicen que están iniciando el descenso.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Llegamos a Lago Agrio, y nos pusimos los pegotines que nos mandaron
para que nos reconocieran los guías. Salimos del aeropuerto y nos
encontramos con el grupo. El dueño del lugar se llama Kurt. Es nacido
en Ecuador, hijo de alemanes. Estaba también Sebastián, que es el
empleado nuevo del lugar. Ayer fue su primer día trabajando acá.
Además de ellos y nosotros dos había otras dos personas: Gunther, un
alemán (parece obvio, ¿no?), y su hijo Luca, que no me queda claro si
es italiano o francés o qué. Entre ellos hablan francés, pero creo que
él nació en Italia. Vive en Francia con su madre. Y los envidiamos
mucho porque el año pasado se fueron de vacaciones a Namibia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esperamos un rato y nos subimos al ómnibus, que nos llevó durante dos
horas a la entrada a la reserva. En el ómnibus había dos o tres
parejas más, unos españoles, unos rusos, y no me acuerdo si había
alguien más. Ellos igual no venían para el mismo lodge que nosotros.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después de bajarnos del ómnibus tuvimos que esperar a que llegaran las
lanchas que nos iban a llevar hasta nuestros respectivos alojamientos.
Había varios grupos esperando, de los cuales el nuestro era el más
chico. El más grande era de como quince niños de no más de doce años,
acompañados de dos adultos. No los envidio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Finalmente llegaron las canoas (que así le dicen a las lanchas, porque
tienen forma de canoa, pero si tiene motor es lancha, no me vengan con
cosas raras), cargamos las cosas, y salimos. Otros grupos parecían
tener más apuro. Nosotros íbamos a un paso lento, mirando arbolitos,
plantitas, pajaritos, monitos, etc. En un momento nos cruzamos con un
montón de monitos cruzando el río. Su procedimiento era sencillo:
subirse a un árbol, saltar a la rama de otro árbol que estaba del otro
lado. Todos hacían lo mismo. Aparentemente si uno puede, los demás
asumen que es seguro y van y lo siguen. Inés y su memoria de Trivia
dice que esos monitos tenían entre 25 y 30 centímetros.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el medio del viaje paramos para comer, y comimos unos sanduches
(acá en Ecuador se escribe así) de jamón y queso. Bah, más bien, unos
de jamón y otros de queso. La innovación del jamón y queso no parece
haber llegado a estas zonas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Finalmente llegamos al lodge. Es re lindo. Hay dos torres, pero no
sabemos mucho de la torre 2. Creo que hay fantasmas. Nosotros estamos
en la torre uno, en el tercer piso. Que es el segundo, porque la
planta baja acá se llama primer piso. El cuarto piso está vacío, y en
el segundo están el alemán y su hijo. Más atrás está la cocina, y las
habitaciones de la gente que vive acá, y un lugar abierto para mirar
las estrellas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después de llegar nos acomodamos un poco, nos dieron yuca frita (es
una raíz) y salimos a ver la puesta del sol en una laguna cercana. La
vista es impresionante. Lamentablemente no se nos ocurrió ponernos
traje de baño, porque estaba re lindo para nadar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Volvimos y cenamos. El cocinero de acá es increíble. Le dicen
Conejito, porque se parece al conejo de Alicia en el País de las
Maravillas. Y se parece en serio. Cocina que es impresionante. Logró
que Inés tomara sopa y le gustara.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después de cenar, a dormir, porque tampoco hay demasiado que hacer de
noche. A lo que no hay internet, ni luz, ni se puede salir mucho&amp;hellip;
Primero una ducha, por supuesto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dormimos como diez horas. Eso siempre es algo bueno. Hoy nos
despertamos y a las ocho desayunamos. De nuevo poco común para Inés,
pero de nuevo resultó ser una buena idea.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después del desayuno nos fuimos a visitar a la comunidad indígena de
la zona. Parece que viven separados los viejos de los jóvenes. No
puedo evitar pensar en la sabiduría de tal arreglo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Primero visitamos el área de los viejos, donde estaba el shamán. Nos
estuvo contando de cómo decidió ser shamán, y de su experiencia con la
droga alucinógena que usa. El guía, Kurt, traducía para los alemanes y
editorializaba para los latinos. A nosotros nos resultó un poco
irrespetuoso. El shamán tiene sus creencias y sus rituales, que pueden
ser todo lo supersticiosos que queramos, pero si el tipo te recibe en
su casa y te muestra sus ceremonias, podés esperar a salir del lugar
para decirles a los demás que es todo superstición.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El shamán hizo una ceremonia de ejemplo, usando de voluntario a Luca.
No parece haberle encontrado nada. Igualmente parece que si te
encuentra algo medio grave tiene que de noche intentar curarlo durante
el trance inducido por los alucinógenos, y puede demorar de diez a
doce días en solucionarse. Mientras tanto, podés comprar artesanías
que hace la hija.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Luego de eso hicimos una caminata por el medio de la selva. Por suerte
teníamos botas, por incómodas que le queden a Inés, porque de a ratos
el barro llegaba muy arriba. Otra cosa muy buena fue llevar repelente.
Los mosquitos son los reyes de la selva. O las hormigas, capaz. Seguro
que algún insecto. Igual las hormigas se dejan comer, y tienen gustito
a limón. Al menos las que agarramos con la lengua del árbol.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Del otro lado de la caminata, en otro tramo del río, estaba el bote
esperándonos, con Jairo, nuestro motorista estrella, esperándonos para
llevarnos a la sombrita a sentarnos y comer. Nos esperábamos otros
sánduches, pero nos repartieron unas vianditas con arroz, ensalada, y
unos porotos con carne picada. Excelente. La mejor parte para Inés: no
tenía banana. Aunque nos dieron banana de postre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fuimos de ahí a otra parte, donde vivía gente más joven, entre ellos
la familia de Jairo. La sobrina, en particular, se asustó de mi barba,
y se puso a llorar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ahí nos mostraron todo el proceso de desenterrar la yuca, plantar la
planta de nuevo para que crezca, y luego cocinar una especie de pan
que hacen con eso. La raíz se pela, la rallan, luego la exprimen para
sacarle toda el agua, luego la tamizan. Eso deja una especie de harina
gruesa. El agua no se desperdicia, luego la pueden usar para hacer una
especie de guiso, o para preparar condimentos con ajíes picantes. Con
esa harina la esparcen sobre una especie de sartén de barro, y la
tuestan de los dos lados. Queda un pan grande y redondo, bien finito.
Es seco, pero muy rico. La idea es que preparado así dura como veinte
días, si no la yuca se pone fea medio rápido. Ah, también ahí vendían
artesanías.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el regreso paramos a conocer al mono Nacho. El mono Nacho es un
monito chiquito, de un año y medio, re simpático. Vino a saludarnos, y
estuvo jugando con nosotros. A mí se me subió encima y me estuvo
buscando pulgas en la barba. Creo que no me encontró ninguna. Espero
que no me haya dejado ninguna tampoco. También estuvo jugando con Inés
un rato. Era re simpático, aunque me parece que en parte es para que
le diéramos bananas, que finalmente tuvo. Una vez que supo dónde
estaban las bananas no fue tan fácil sacarlo del barco.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Volvimos al lodge y estuvimos nadando un rato en el río. Bueno, yo
nadando, Inés tomando mate sentada en la escalerita. El agua estaba
excelente, y no había demasiados bichos asesinos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después de eso cenamos, otra vez la cena excelente, y después salimos
a pasear por el bosque circundante, buscando ranitas y arañitas.
Encontramos más arañitas que ranitas, e incluso vimos un ratón que se
escondió casi en seguida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ahora estamos por irnos a dormir. Inés está medio desesperada porque
hoy se tomó el último mate hasta que volvamos. Mañana nos levantamos a
las seis para una caminata, luego a desayunar, y luego a una laguna a
pescar y nadar. Después del almuerzo no sé cuál es el plan, pero vamos
a tener compañeritos nuevos. Espero que no sean como Mamerto (¡qué
idiota es!).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No sabemos cuándo vamos a volver a escribir, pero igualmente eso no es
relevante para ustedes, porque lo van a recibir todo junto cuando
tengamos conexión.&lt;/p&gt;
</description></item><item><title>Capítulo 9: En el que conocimos al no tan pequeño saltamontes</title><link>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-9-en-el-que-conocimos-al-no-tan-pequeno-saltamontes/</link><pubDate>Mon, 06 Aug 2012 16:53:37 -0300</pubDate><guid>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-9-en-el-que-conocimos-al-no-tan-pequeno-saltamontes/</guid><description>&lt;blockquote style="display: flex;"&gt;
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 Este post es muy viejo. Fue escrito muchos años antes de la existencia de este blog, y copiado sin mucha revisión. Fue escrito para una audiencia específica, en otra época.
&lt;/blockquote&gt;

&lt;p&gt;Ayer me olvidé de contar que fui secuestrado por tres niñas de entre
cinco y diez años. Me agarraron como ayuda para caminar por una cuerda
que estaba ahí en la playa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después de mandar el mail fuimos a cenar. Yo pedí conchas asadas.
Estaban ricas, bastante sabrosas y jugosas. La mujer del restaurant me
advirtió que las conchas estaban muy saladas, pero para mí estaba bien
el nivel de sal. El problema de ese restaurant es que se tomaban su
rato para servir la comida. Más de cuarenta minutos esperamos, y
éramos los únicos clientes. Igual valió la pena, pero en la costa los
tiempos son otros. Y de todas formas, tuvimos la compañía de la perra
y el gato del restaurant, que nos vinieron a pedir mimos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estuvimos un rato con la gente de la barra de tragos, aunque no
tomamos tanto &amp;ndash; no es una buena idea levantarse con resaca cuando
sabés que tenés un viaje largo de regreso. Estuvimos también
conversnado con unos argentinos que hacía tres meses que venían
viajando. Eran de Mendoza, y habían cruzado a Chile, y de ahí habían
subido todo por la costa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hoy volvimos a madrugar. Cinco y cuarto sonó el despertador, nos
levantamos, y nos fuimos a buscar el ómnibus, que salía a las seis.
Casi morimos intoxicados por el olor del insecticida dentro del
ómnibus, pero al menos no nos picó ningún bicho.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En poco más de dos horas llegamos a Esmeraldas, y ahí compramos
pasajes para Quito. Una hora y poco de espera en la terminal, y
salimos hacia Quito.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El viaje a Quito llevó poco más de seis horas. En el medio hicimos una
pausa para estirar los pies, y comer algo. Nosotros no comimos nada,
lo cual resultó una buena idea porque las sacudidas del ómnibus en la
segunda mitad de la ruta (todo por las montañas) no fueron buenas para
el estómago (de Nacho, Inés dice que su estómago es de acero).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Durante la pausa nos encontramos con un saltamontes enorme. Estuvo un
buen rato hasta que el gatito del parador lo vió y lo intentó atrapar.
No pudo, pero fue divertido verlo intentarlo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Finalmetne llegamos a Quito, a una terminal en la punta sur de la
ciudad. El taxi hasta el hotel nos llevó cuarenta minutos. Llegamos al
hotel, hicimos check in, y fuimos a buscar cómo hablar con el padre de
Aimee, para hacer el cambio de mochilas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ahora nos vamos a ir a cenar con Andrés Aguilar, un jugador de go
ecuatoriano. Mañana nos vamos para Cuyabeno, lo cual significa que
vamos a estar desconectados por cuatro días. No esperen más novedades
hasta el viernes.&lt;/p&gt;
</description></item><item><title>Capítulo 8: Nada, otra vez</title><link>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-8-nada-otra-vez/</link><pubDate>Sun, 05 Aug 2012 16:53:37 -0300</pubDate><guid>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-8-nada-otra-vez/</guid><description>&lt;blockquote style="display: flex;"&gt;
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 &lt;span style="vertical-align: middle;"&gt;
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 &lt;/span&gt;
 &lt;/div&gt;
 Este post es muy viejo. Fue escrito muchos años antes de la existencia de este blog, y copiado sin mucha revisión. Fue escrito para una audiencia específica, en otra época.
&lt;/blockquote&gt;

&lt;p&gt;Como que no hay mucho que contar cuando uno no hace nada en todo el día.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Anoche estuvimos un buen rato en la barra de tragos del hotel. Es bien
frente a la playa, y de noche prenden un fueguito. Y hacen ricos
tragos. Los que atienden son un argentino y un chileno, que están ahí
hace re poco tiempo. Aparentemente el chileno se vino a quedar unos
días al hotel y le ofrecieron el laburo. Le mandó un mail al
argentino, que se vino y están los dos acá, pasándola bien.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hoy de mañana nos volvimos a pasar tirados en las hamacas paraguayas.
Otra vez no haciendo nada. Almorzamos, volvimos a no hacer nada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estuvo bastante ventoso todo el día, así que recién fuimos al agua a
las cinco de la tarde. No hace mucha diferencia, tampoco, el agua está
re bien de temperatura, y no hace frío. Sol no hubo, tampoco. Parece
que no nos tocó.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No me acuerdo si comenté que las duchas son de agua fría, lo cual nos
hizo dudar un poco si meternos a nadar o no. Si no lo hacíamos,
podíamos esperar a volver a Quito para bañarnos. Al final decidimos
bancarnos la ducha fría. Valió la pena.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ahora estamos por ir a cenar. Mañana salimos temprano, porque el viaje
lleva un buen rato. Vamos de acá a Esmeraldas, y de ahí directo a
Quito.&lt;/p&gt;
</description></item><item><title>Capítulo 7: En el que no pasa nada. Absolutamente nada.</title><link>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-7-en-el-que-no-pasa-nada-absolutamente-nada/</link><pubDate>Sat, 04 Aug 2012 16:53:37 -0300</pubDate><guid>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-7-en-el-que-no-pasa-nada-absolutamente-nada/</guid><description>&lt;blockquote style="display: flex;"&gt;
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 &lt;/g&gt;
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 &lt;/span&gt;
 &lt;/div&gt;
 Este post es muy viejo. Fue escrito muchos años antes de la existencia de este blog, y copiado sin mucha revisión. Fue escrito para una audiencia específica, en otra época.
&lt;/blockquote&gt;

&lt;p&gt;Hoy nos despertamos, y no hicimos nada en todo el día. Y ta, casi que
eso es todo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nos levantamos a las ocho, recibimos una llamada de Roberto, y salimos
a dar una vuelta. Yo tenía ganas de probar alguna de las bananas esas
que cocinaban en la calle, pero estaban todos cerrados. Bueno, más
bien no estaban, con eso de que son vendedores ambulantes, cuando
cierran no están. Volvimos y nos tiramos en las hamacas paraguayas
frente a la playa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al rato fuimos a almorzar. En el restaurant nos hicimos una amiguita:
una gatita nos vino a saludar y estuvo un buen rato subida encima de
Inés.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después dimos otra vuelta por el pueblo y nos volvimos a las hamacas
paraguayas. Inés se terminó el libro, así que le buscamos algo en el
Kindle para que se mantuviera entretenida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Volvimos a salir a dar una vuelta, y finalmente me saqué las ganas de
comer una banana cocida, con queso en el medio. Es buenísimo, pero cae
muy pesado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Vimos un pez globo muerto. Se ve que pasó Mario con florcita por la vuelta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Volvimos, estuvimos haciendo nada un rato más, y nos fuimos a bañar.
Descubrimos por la manera fea que el hotel no tiene agua caliente.
Parece ser algo común en este pueblo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y ta. Como que eso es todo lo del día. Para los interesados, la
segunda parte de Wrath of the Khans (el último episodio de Hardcore
History) está excelente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mañana creo que también toca hacer nada todo el día. Si está un poco
menos nublado toca nadar un rato. Y si no, también. Al final, la única
razón por la que no nos zambullimos hoy fue porque nos dió pereza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ah, el gatito del hotel ahora le agarró cariño a Inés. Es un vendido.&lt;/p&gt;
</description></item><item><title>Capítulo 6: En el que extrañamos a los vendedores del transporte montevideano.</title><link>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-6-en-el-que-extranamos-a-los-vendedores-del-transporte-montevideano/</link><pubDate>Fri, 03 Aug 2012 16:53:37 -0300</pubDate><guid>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-6-en-el-que-extranamos-a-los-vendedores-del-transporte-montevideano/</guid><description>&lt;blockquote style="display: flex;"&gt;
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 &lt;/span&gt;
 &lt;/div&gt;
 Este post es muy viejo. Fue escrito muchos años antes de la existencia de este blog, y copiado sin mucha revisión. Fue escrito para una audiencia específica, en otra época.
&lt;/blockquote&gt;

&lt;p&gt;Nos despertamos a las seis menos cuarto de la mañana y salimos para
Mompiche. &amp;ldquo;Para Mompiche&amp;rdquo; es una forma de decir. El viaje fue de lo
más indirecto que he visto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Salimos seis y media de Mindo. El plan original era hacer Mindo -&amp;gt; Los
Bancos -&amp;gt; Santo Domingo -&amp;gt; Mompiche. Desde Mindo podíamos ir directo a
Santo Domingo, pero nos iba a llevar más tiempo. En cuanto nos subimos
al ómnibus decidimos que estábamos demasiado cansados como para hacer
transbordos extra, así que compramos pasaje a Santo Domingo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Algo característico de los ómnibus en esta zona del mundo son los
vendedores ambulantes. Acá no suben a venderte caramelos, o la pomada
milagrosa. O, más bien, sí suben, pero esos son la minoría. Acá te
venden el almuerzo. Se suben con bandejas enormes con platos de
comida, o empanadas calentitas, y atrás de ellos vienen con el postre:
helados, ensaladas de frutas. Y suben en malón, de a diez, de repente,
cuando para el ómnibus en un pueblo medio grande. Nada de venir de a
uno.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Llegamos a Santo Domingo a eso de las diez y media. Cuando me bajé del
ómnibus no veía a Inés por ningún lado. Debería haber bajado
directamente atrás mío, pero no había pasado, y el ómnibus ya estaba a
media cuadra de distancia. Al final la veo bajar del ómnibus. Resulta
que el conductor nos había pedido que esperáramos, porque tenía que
mover el ómnibus de apuro. Yo no lo escuché, y me mandé. Inés esperó.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De Santo Domingo no hay (o no encontramos, más bien) ómnibus directo a
Mompiche. Nos habían dicho que iba a haber, pero sólo encontramos a
Pedernales. No importa, de Pedernales vamos directo a Mompiche, nos
dijeron.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Llegamos a Pedernales a las&amp;hellip; bueno, no sé, en cierto momento perdí
la noción de la hora que era. Pero pongámosle la una. Preguntamos, y
nos dicen &amp;ldquo;el bus amarillo ese va a Mompiche&amp;rdquo;. Preguntamos, y nos
dicen que sí. Que va a Mompiche. Y luego nos aclaran que en realidad
va a Cachanga, y de ahí podemos tomar otro a Mompiche.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el ómnibus hacia Cachanga nos entran a dar versiones encontradas.
Que nos bajemos en Cachanga. Que ya pasamos Mompiche. Que nos bajemos
ahora y tomemos otro para atrás. Al final resulta que no nos habíamos
pasado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero ta, llegamos a Cachanga, y preguntamos de nuevo. Que sí, que el
ómnibus a Mompiche para ahí enfrente, y pasa a las tres. Son tres
menos diez a todo esto, así que cruzamos y esperamos. A esa altura ya
nos está pegando el hambre, pero la prioridad es llegar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después de una hora más de viaje, más o menos, nos dicen que ya
llegamos. Bajamos, nos dice el guarda &amp;ldquo;por ahí se va a Mompiche&amp;rdquo;, y
señala una calle larga que parece perderse entre los árboles. En la
esquina, una parada de ómnibus con cuatro evidentes turistas
esperando. Nos acercamos y preguntamos. Mompiche está a diez
kilómetros por esa ruta. Ellos son unos argentinos que están haciendo
dedo, a ver si alguien los levanta. Creen que hay un ómnibus que pasa
para Mompiche. ¿Mencioné que estaba lloviznando?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después de una media hora más, y varios conductores que ignoraron a
los argentinos, pasa un ómnibus, que dice ir a Mompiche. Y finalmente,
este sí nos deja en Mompiche mismo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pedimos orientación para llegar al hotel, llegamos, y nos fuimos a
almorzar. Estábamos sin comer desde que nos levantamos, y hacía casi
once horas de eso.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después de almorzar paseamos un poco por el pueblo. El pueblo parece
tener una onda Punta del Diablo, pero acá es verano todo el año.
Volvimos al hotel y nos recostamos un rato, muertos de cansancio.
Estuvimos un rato leyendo, e Inés se quedó dormida. Yo me vine a
escribir el mail, y ahora tengo al gato del hotel subido encima mío
mientras tecleo. Y todavía se queja cuando le dejo de hacer mimos. Es
increíble.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bueno, el plan para mañana es hacer nada. Ir a la playa, descansar,
esas cosas. Y ta, así por dos días. El lunes nos volvemos a Quito, si
podemos y no se complica tanto como venir para acá, y de ahí el martes
para Cuyabeno.&lt;/p&gt;
</description></item><item><title>Capítulo 5: En el que somos famosos y salimos en la tele</title><link>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-5-en-el-que-somos-famosos-y-salimos-en-la-tele/</link><pubDate>Thu, 02 Aug 2012 16:53:37 -0300</pubDate><guid>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-5-en-el-que-somos-famosos-y-salimos-en-la-tele/</guid><description>&lt;blockquote style="display: flex;"&gt;
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 &lt;/span&gt;
 &lt;/div&gt;
 Este post es muy viejo. Fue escrito muchos años antes de la existencia de este blog, y copiado sin mucha revisión. Fue escrito para una audiencia específica, en otra época.
&lt;/blockquote&gt;

&lt;p&gt;Hoy fue un día bastante cargado de actividades. Y eso que la lluvia
nos obligó a estar adentro por un rato.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Decidimos que en lugar de salir a caminar esta vez íbamos a ir a los
lugares en formas de transporte más eficientes. Resultó ser una buena
idea, porque las actividades del día requerían que alguien fuera hasta
allí, a diferencia del Canopy, donde ya estaba ahí el lugar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo primero del día fue el Canyoning. ¿Se acuerdan de la presentación
de MacGyver? ¿Que se tiraba agarrado de una cuerda por la ladera de un
acantilado? Bueno, cuando yo era chico quería ser como MacGyver, y un
día até una cuerda a la pata de la hamaca, y me tiré por la pendiente
que había en el patio. No sé qué tan grande era, pero obviamente era
mucho más grande que yo. Abajo había un piso de piedra, y fue contra
ese piso que me dí y que me quedó la cicatriz que tengo en la pera.
Que no se ve en este momento por obvias razones, pero ta. Bueno, hoy
tuvimos la posibilidad de repetir esa escena, y casi sin accidentes
esta vez.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El guía nos llevó en &amp;ldquo;taxi&amp;rdquo; (taxi acá en Mindo significa una
camioneta) hasta un punto en el cual salía un camino de tierra.
Caminamos unos quince minutos por ese camino, mientras nos señalaba
algunas plantas interesantes. Varias se podían comer, y una servía
para pintarse la cara. También había una que servía como papel
higiénico, además de las venenosas (obviamente no hay que confundir
estas dos categorías). Finalmente llegamos al punto donde teníamos que
cruzar el río. El método de cruce es sencillo: un puente, formado por
tres cuerdas, con cuerdas transversales para mantener la estabilidad.
Cruzamos, y seguimos caminando. Esta vez todo en subida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Llegamos al tope de la primera de las tres cataratas por las que nos
íbamos a tirar. El guía nos dió la clase de cómo teníamos que hacer, e
incluso demostró que no nos iba a pasar nada por más brutos que
fuéramos. Bajé yo primero mientras que Inés sacaba fotos. Obviamente
me empapé. Los zapatos todavía están colocados en la ventana del
hotel, intentando secarse. Inés bajó después, y también se empapó.
Llegó a tragar agua incluso. La segunda catarata era más chica, pero
más resbalosa la pared, pero resultó un poco más fácil porque teníamos
más idea de qué hacer. Bajé yo primero con la mochila en la que estaba
todo, y saqué fotos mientras Inés bajaba. Atrás nuestro bajó el guía,
que prácticamente corría por la ladera de la catarata. Por suerte no
se hizo paté, si no, no sé cómo volvíamos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Luego de bajar por la tercera catarata hicimos todo el viaje de
vuelta, hasta donde nos había dejado el taxi originalmente, y estaba
otro taxi esperándonos. Volvimos al centro del pueblo y fuimos al
hotel a sacarnos los zapatos y dejarlos secándose. De ahí nos fuimos
al tubing, aprovechando que la ropa ya estaba toda empapada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El tubing es subirse a una serie de llantas de camión atadas con
cuerdas, y largar eso por el río, lleno de rocas y corrientes
cruzadas. Está genial.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Luego de que pasamos a buscar a los guías para el tubing, con todo su
equipamiento (incluídas las llantas atadas), fuimos al comienzo del
trayecto. Atrás nuestro llegó otra camioneta, con una persona con una
cámara enorme y otra persona con un micrófono enorme, y dos personas
vestidas de amarillo, con esas chaquetas tan características de los
cuidacoches. Resulta que iban a grabar para un programa de televisión
en el que quieren publicitar que los deportes extremos en Mindo son
seguros, y que todos se olviden de aquel que se mató en el canopy (¿se
acuerdan del local de canopy clausurado? bueno, eso). Así que nos
filmaron mientras íbamos por el río, y vamos a salir en la tele. Menos
mal, porque no tenemos fotos. Después podemos ir y bajar el video del
sitio del canal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después de rebotar un rato por el río volvimos al hotel a bañarnos y
salimos a comer. Empezó a llover mientras íbamos a comer, pero
asumimos que iba a parar pronto. No paró por más de tres horas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La comida estaba muy bien. Creo que es el primer plato que terminamos
en Ecuador. Fue en un restaurant de comida venezolana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A las seis ya paró de llover, lo cual es bueno, porque seis y media
empezaba el concierto de ranas. Este consistía en pasear de noche por
todo un jardín enorme mirando las ranitas, los sapos, las arañas, las
luciérnagas, y todo otro montón de bichos. De todas las ranas y sapos
que vimos, absolutamente ninguna estaba lavándose el pié.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Volvimos de eso y cenamos en un restaurantcito que no tenía otra cosa
que empanadas. Estaban ricas, la verdad. El dueño era un quiteño que
se vino a vivir a Mindo porque no bancaba el aire (o la falta del
mismo) de Quito. Hace diez días que abrió.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mañana nos vamos a Mompiche, si podemos. El plan es levantarse
temprano, e ir a Los Bancos, de ahí a Santo Domingo, y de ahí a
Mompiche. Y ahí a disfrutar de un rato de playa.&lt;/p&gt;
</description></item><item><title>Capítulo 4: En el que subimos a la montaña con testículos de acero</title><link>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-4-en-el-que-subimos-a-la-montana-con-testiculos-de-acero/</link><pubDate>Wed, 01 Aug 2012 16:53:37 -0300</pubDate><guid>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-4-en-el-que-subimos-a-la-montana-con-testiculos-de-acero/</guid><description>&lt;blockquote style="display: flex;"&gt;
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 &lt;/span&gt;
 &lt;/div&gt;
 Este post es muy viejo. Fue escrito muchos años antes de la existencia de este blog, y copiado sin mucha revisión. Fue escrito para una audiencia específica, en otra época.
&lt;/blockquote&gt;

&lt;p&gt;Hoy nos despertamos a las cinco y media de la mañana. Terminamos de
ordenar las cosas que nos habían quedado medio desordenadas e hicimos
checkout. El plan era caminar un par de cuadras, tomarnos el ómnibus
que nos dejaba en la estación de MetroBus, para luego ir hasta el
destino del mismo, que es la estación La Ofelia, y de ahí tomarnos el
ómnibus a Mindo. Llegamos a la parada del primer ómnibus y resulta que
era una parada de taxis también, y nos cobraban cinco dólares por
llevarnos hasta La Ofelia, así que decidimos ponernos gastadores y
fuimos en taxi. La ventaja es que es cómodo. La desventaja es que en
lugar de una hora y media de viaje pusimos menos de media hora.
Llegamos a las seis y media a La Ofelia. El ómnibus a Mindo salía a
las ocho. Así que nos aburrimos un rato. Bastantes taxistas nos
ofrecieron llevarnos hasta Mindo, por precios entre los treinta y
cinco y cincuenta dólares. No es tan caro, si uno lo piensa, pero el
tiempo de viaje es más o menos el mismo, y te toca estar encerrado con
un taxista durante dos horas. Puede igual servir en caso de perder el
ómnibus (aunque hay uno a las nueve, al final).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El viaje a Mindo fue tranquilo. Otra vez por el medio de las montañas,
pero al ser en un ómnibus grande afecta mucho menos al estómago que
yendo en una camioneta chiquita.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Llegamos a Mindo alrededor de las diez y media, o capaz que un poco
antes. Fuimos derecho al hotel que habíamos reservado, y la verdad que
es re lindo. Parece ser (por los pocos carteles que ví en la vuelta)
que es de los más baratos. Igual acá en Mindo la mitad de las casas
son hostales. Parecería que cualquiera que tiene una casa con dos
pisos (que son casi todas) dice &amp;ldquo;ya sé, voy a poner un hostal&amp;rdquo;. La
cosa es que parece que todos funcionan. Gente hay. En nuestro hotel la
gente que te atiende son re bien y re simpáticos, pero hay que
tenerles paciencia. Inés les pidió agua caliente y le calentaron agua
y se la usaron para lavarle el termo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después de establecernos salimos a explorar. El pueblo es chiquito, y
en el pueblo mismo no hay mucha cosa que ver. Hostales, sí, por todos
lados, y restaurantes, y un par de puestitos de artesanías. Lo
interesante es lo que está afuera. Canopy (tirarse en un cable entre
los árboles), tubing (una llanta de auto inflada, te metés adentro, y
te tirás por el río), mirar mariposas, mirar pajaritos, y varias otras
cosas por el estilo. Nos dijeron en el hotel un par de instrucciones
de para dónde ir, y arrancamos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el camino nos encontramos con una casita perdida en el medio de la
nada que pertenecía a un tipo cuyo acento no pudimos ubicar que hacía
unas artesanías re lindas. Inés estuvo mirando un rato y seguimos
viaje.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Encontramos en el camino varios lugares donde comprar tickets para las
diversas actividades. En una bifurcación elegimos el camino más
divertido (el que era más lleno de vegetación) y resultó obviamente no
ser el correcto. Terminaba en un arroyito que tenía un puentecito de
lata ondulada con unas tablas de madera arriba. Sobre el puentecito
había una joven con un perrito re chiquitito, quien al ver a Inés
exclamó &amp;ldquo;¡Mate! ¡Qué rico! Me vas a convidar, ¿verdad?&amp;rdquo; (fue la joven
la que dijo esto, no el perrito; al perrito sólo le interesaban los
mimos). Resultó ser una argentina que, obviamente, pensó que éramos
también argentinos. Nos aconsejó que nos bañáramos en el río, ya que
hoy es luna llena, y siguió su camino con su perrito. Cuando volvimos
nos la encontramos oliendo las flores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Volvimos al camino correcto y empezamos a subir. La cosa es que desde
Mindo parece que todos los caminos suben. Eventualmente vimos un
cartel que decía &amp;ldquo;Canopy a 1400 mts&amp;rdquo;. Al rato, uno que decía Canopy a
1300 metros. Luego 1000 metros, y ahí paramos, porque se estaba
poniendo empinado el camino. Mientras estábamos etratando de decidir
si íbamos a hacer la subida o no, pasó un tipo corriendo, nos dijo
&amp;ldquo;buen día&amp;rdquo;, y siguió. Decidimos entonces que si ese tipo podía subir
corriendo nosotros podíamos subir caminando.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Seguimos caminando, y unos quinientos metros después del cartel de que
faltaban mil metros nos encontramos con el que decía que faltaban 900
metros. Cien metros más, faltaban 800, y cien más y faltaban 500
metros. Después 350, después 400, después 200, 30, 200 de vuelta, y
finalmente llegamos. Subimos alegremente los últimos metros, y nos
encontramos con un cartel que indicaba que el lugar había sido
clausurado por el ministerio de turismo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Emprendimos el descenso, y ahí notamos que había un cartel que
indicaba que había otro lugar a ochenta metros. Y otro a dos
kilómetros, pero ese no nos pareció que estuviera tan cerca. Así que
caminamos los doscientos metros que nos separaban del que estaba a
ochenta metros, y llegamos al lugar. Este estaba abierto, y había un
grupo enorme de gente. Los miramos tirarse y nos gustó la idea, así
que decidimos probar. Mientras esperábamos, entraron a caer otras
personas, todos en vehículos motorizados. Aparentemente somos los
únicos que vamos con tracción a sangre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El Canopy funciona así: te ponen un arnés que te engancha las piernas
y la cadera y luego tiene un gancho que engancha en una polea, y otro
de seguridad que engancha en el cable directamente. Además de esto
tenés un casco y guantes bien gruesos, con un bloque de algo que puede
ser una goma bien dura o cuero. Te subís a una plataforma y los guías
te enganchan, primero el gancho de seguridad, después desenganchan la
polea, la colocan en el cable de acero, y luego te vuelven a enganchar
la polea, y te tirás para el otro lado. Luego de eso tenés que subir
unos metros al siguiente punto, donde te volvés a tirar de nuevo.
Durante esta caminata tenés los ganchos colgando del arnés cual
testículos de acero. Nosotros hicimos el tour completo, que son trece
cables. Hay algunos más cortos, de tres y de dos, pero la verdad es
que vale la pena el completo. Como no queríamos que la cámara de fotos
terminara en el fondo del valle, decidimos no llevarla. Fue un error.
Tendríamos que haberla llevado. La consecuencia es que,
lamentablemente, no tenemos fotos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando terminamos (posiblemente una hora, aunque no medimos demasiado
el tiempo) estábamos considerando bajar caminando de nuevo cuando unos
alemanes nos ofrecieron compartir un taxi. Los taxis acá son
camionetas, y el viaje salía cuatro dólares para todo el grupo.
Mientras esperábamos que llegara el taxi, notamos que otro grupo que
había ahí (tres gringas quinceañeras guiadas por una ecuatoriana de
unos cuarenta años) parecía tener problemas con su auto. Aparentemente
se les murió la batería. Cuando vino nuestro taxi entonces tuvimos que
esperar a que intentaran revivirlo. Finalmente no pudieron, así que
terminamos yendo los ocho en el taxi con la batería muerta, que iban a
intentar cambiar en un pueblito cercano más grande.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una vez de nuevo en el pueblo fuimos a comer. Decidimos comer algo
liviano, y pedimos una trucha al ajillo. Por supuesto, resultó ser
menos liviano de lo que pensábamos. El plato era la trucha entera, y
venía con ensalada, bananas aplastadas (aparentemente se llaman
patacones, pero valen más que su homónimo argentino), y arroz. Era un
montón impresionante de comida. El plato era enorme, y el arroz te lo
tenían que servir aparte porque no entraba.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después de comer compramos agua y nos fuimos al hotel a bañarnos y
dormir una siesta. Ese era el plan, pero nunca llegamos a bañarnos.
Colapsamos en la cama y nos dormimos, por más que el gallo del vecino
intentara impedirlo. Cuando nos despertamos yo tenía un dolor de
cabeza impresionante, resultado de (creemos) deshidratación. Salimos a
comprar más agua, y ahí Inés, con su sexto sentido infalible encontró
puestos de artesanías.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Volviendo al hotel nos encontramos con un perrito re simpático, al que
inmediatamente le caímos bien, y nos babeó mucho. Una colombiana que
estaba ahí vino, nos empezó a hablar, se presentó, nos saludó con un
abrazo, y nos dijo que visitáramos Colombia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Finalmente nos bañamos en el hotel y salimos a dar una vuelta para ver
qué hay de noche, pero no hay mucho. En algún lugar hay una fiesta,
porque se escuchaba la música, pero en general sólo restaurantes y
nada más.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ahora nos vamos a ir a dormir, y el plan es mañana ver si hacemos
algún tour que nos lleven a lo del tubing, a ver las cataratas, las
mariposas, etcétera.&lt;/p&gt;
</description></item><item><title>Capítulo 3: En el que comemos bizcochos con dulce de leche y queso</title><link>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-3-en-el-que-comemos-bizcochos-con-dulce-de-leche-y-queso/</link><pubDate>Tue, 31 Jul 2012 16:53:37 -0300</pubDate><guid>https://nachof.blog/posts/2012/nacho-e-ines-en-ecuador/capitulo-3-en-el-que-comemos-bizcochos-con-dulce-de-leche-y-queso/</guid><description>&lt;blockquote style="display: flex;"&gt;
 &lt;div style="float: left; padding-right: 1em; "&gt;
 
 &lt;span style="vertical-align: middle;"&gt;
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 &lt;/g&gt;
 &lt;/svg&gt;
 &lt;/span&gt;
 &lt;/div&gt;
 Este post es muy viejo. Fue escrito muchos años antes de la existencia de este blog, y copiado sin mucha revisión. Fue escrito para una audiencia específica, en otra época.
&lt;/blockquote&gt;

&lt;p&gt;A eso de las diez de la mañana nos pasó a buscar Aimee para llevarnos a Otavalo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La ruta a Otavalo es bastante complicada. Curvas y curvas y curvas, y
a diferencia de las rutas uruguayas las curvas no son sólo en el
plano, sino que también tienen una tercera dimensión cuando
consideramos la altura. Los efectos que tales cambios de dirección
tuvieron en nuestros estómagos no fueron para nada buenos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el camino paramos en la ciudad de Cayambe, donde aprovechamos para
probar los tradicionales bizcochos. Estos no son los mismos bizcochos
a los que estamos acostumbrados en Montevideo: nada de croasanes ni
margaritas ni nada de eso. Los bizcochos de Cayambe son palitos de
masa horneados. Son muy ricos. Normalmente se comen solos, o con dulce
de leche, o con queso de hoja. El dulce de leche ecuatoriano es igual
al uruguayo, pero un poco más suave y liviano. Claro que lo de liviano
puede ser por la altura. No sé. El queso de hoja es queso, que viene
en capas en forma de cilindro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De ahí fuimos derecho a Otavalo. Otavalo es un pueblo indígena casi en
su totalidad. Suponemos que Melany (a quien muchos profesaban su amor
en los muros otavaleños) no lo es, dado el nombre, pero no podemos
estar seguros.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La principal atracción de Otavalo es el mercado de artesanías.
Montones de cosas muy lindas, y turistas regateando. Estuvimos un rato
recorriendo y haciendo compras.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A la vuelta paramos en un restaurante re caro (para lo que es acá, los
precios son medio altos en Montevideo) que estaba al lado de un lago.
Cuando digo al lado, es realmente al lado: mirabas para el costado y
era el agua. Muchos patitos en el lago también. Comimos lo que el menú
denominaba &amp;ldquo;plato típico otavaleño&amp;rdquo;. Obviamente, tenía bananas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Volvimos al hotel y separamos las cosas que vamos a necesitar en los
próximos días de las cosas que vamos a necesitar recién cuando vayamos
a Cuyabeno. Mandamos lo de Cuyabeno con el padre de Aimee, que Inés
tiene miedo que nos agarre odio por aprovecharnos de él. Como
consecuencia estamos bastante más livianos para el viaje a la playa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estuvimos haciendo consultas de cómo llegar a Mindo, que es el plan
para mañana. El encargado del hotel en el que estamos nos ayudó
bastante, e incluso llamó a un hostal en Mindo para preguntar y
confirmar cómo llegar, y nos hizo la reserva y todo. La verdad que
excelente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después de eso salimos a cenar, y nos metimos en uno de esos lugares
que parecen re caros, pero al final no era tan caro. Pedimos una
picada, pensando que capaz que nos quedábamos con hambre, y no la
pudimos terminar. Era enorme ese plato. Acá todos los platos son
grandes, y para peor con la falta de oxígeno por la altura cuesta más
terminar los platos. También tomamos unos mojitos, que estaban muy
buenos (el mío estaba mejor que el de Inés, porque el mío era un
mojito de manzana).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después de cenar fuimos a comprar unas botellitas de agua, y luego al
hotel a terminar de aprontar todo porque mañana salimos muy temprano
(el ómnibus sale a las ocho, y si lo perdemos no hay otro hasta las
tres de la tarde).&lt;/p&gt;
</description></item></channel></rss>