Si en Uruguay destituyen a un presidente, sería algo sin precedentes, una crisis enorme, nunca pasó. En Perú, es martes.

Desde que Ollanta Humala dejó el cargo en el 2016, ningún otro presidente completó un mandato completo.

En el 2016 fue electo Pedro Pablo Kuczynski, o, más fácil, PPK. Montones de escándalos de corrupción, dos intentos de destitución, y terminó renunciando después de 1 año y 238 días.

Lo sucedió su vicepresidente, Martín Vizcarra. Vizcarra tuvo un poco más de tiempo. Duró 2 años y 231 días, pero finalmente, lo destituyeron (en el segundo intento).

El siguiente fue el presidente del congreso, Manuel Merino. Actuando con total rapidez, logró convertir las protestas en su contra en violencia, y terminó renunciando a los cinco días. Todo un récord.

Ahí tenían un problema: si el presidente (PPK) no está, asume el vice (Vizcarra). Si ninguno de los dos está, hay un segundo vicepresidente, pero había renunciado. Después de esos tres, está el presidente del congreso (Merino). Pero después de que renunció Merino, ya no tenían a quién poner. Así que el congreso votó un nuevo presidente del congreso, que como no había ni presidente ni vicepresidente, pasó a ser automáticamente el presidente de Perú.

Así asumió Francisco Sagasti. Sagasti tuvo el honor de llegar entero a las elecciones, duró 253 días. Puede no sonar mucho, pero acrdate que Merino duró sólo 5.

En Perú no hay reelección inmediata: es como Uruguay, cinco años y afuera, aunque podés volver después de otros cinco años. Entonces Sagasti no podía presentarse a la reelección. Igual, conociendo el panorama, dudo mucho que quisiera.

En el 2021 hubo entonces elecciones. Ganó Pedro Castillo, y supongo que mucha gente esperaba que ese período fuese un poco más estable que el anterior. Obviamente que no. Los peruanos ya le habían agarrado el gustito a eso de sacar presidentes, y Castillo, de origen bastante humilde, era una presencia muy molesta para la mayoría de los políticos, así que casi que desde el primer momento había mucha gente con ganas de sacarlo. Después de dos intentos de sacarlo, cuando venía el tercero, Castillo dijo “basta”, y declaró un golpe de estado. Claro, la declaración fue un poco como aquella vez que Michael declaró bancarrota en The Office. Se olvidó de algunos pasos importantes. Como por ejemplo, verificar si tenía apoyo entre otros políticos, o en el ejército. La cuestión es que lo rajaron al toque. Duró un año y 132 días.

Quedó su vicepresidenta, Dina Boluarte, que tuvo que lidiar con montones de protestas contra la destitución de Castillo, que seguía siendo bastante popular. Pero, contra todo pronóstico, se convirtió en la presidenta de Perú de mayor duración desde Ollanta Humala. Aguantó 2 años y 307 días antes de que finalmente el congreso la destituyera.

El que la reemplazó fue José Jerí, el presidente del congreso. No se puede decir que los escándalos de Jerí empezaran apenas asumió la presidencia. No, los escándalos de Jerí venían desde mucho antes. El tipo venía con una acusación de violación. Reciente, aparte, fresquita de pocos meses. Pero igual, eso no le impidió asumir la presidencia, puesto que ocupó hasta ayer, 17 de febrero, cuando el congreso lo destituyó.

El caso de Jerí es interesante, porque ocupaba (al igual que Merino o Sagasti) la presidencia interinamente por ser presidente del congreso. El congreso, en lugar de destituirlo como presidente de Perú, le votó una moción de censura y le sacó el título de presidente del congreso, que tiene unos requerimientos de mayoría menos estrictos. Como no es presidente del congreso, entonces ya no es presidente interino de Perú, así que para afuera. Duró 130 días, 125 más que Merino, lo que lo deja en segundo puesto. Por ahora.

Al momento de escribir esto, la presidencia de Perú está vacante. El congreso tiene que elegir un nuevo presidente del congreso, que automáticamente asume la presidencia de Perú, y se espera que pase en estos días.

¿Por qué pasa esto en Perú?

En los 10 años desde que terminó el mandato de Ollanta Humala, Perú tuvo siete presidentes diferentes. Van a ser ocho, cuando asuma el sucesor de Jerí. La pregunta obvia es por qué esto pasa en Perú y no en otros lados. Sí, hay pila de inestabilidad, y sí, hay protestas, y hay un escenario político fragmentado, pero Perú tampoco es el único país con esas condiciones. Si, por ejemplo, mirás a Chile en el 2019, en medio del estallido social, Piñera llegó a tener niveles de apoyo de alrededor del 5%, lo odiaban todos, creo que hasta su familia si les preguntabas te decían que no, que ellos no lo habían votado. Pero Piñera terminó su mandato.

Una explicación que se da normalmente es que la constitución de Perú permite la remoción del presidente por “incapacidad moral”, lo cual es absolutamente imposible de definir con claridad. “Incapacidad moral” es el tipo de cosas que podés decir cuando querés sacar a alguien y no tenés nada más tangible. En esencia, significa “este presidente perdió el apoyo parlamentario”.

Mi problema con esa explicación es que Perú no es el único país con esa cláusula. Y aunque lo fuera, desde el momento en que un juicio político se rige por reglas determinadas por el sistema político y no por el judicial, las causas se inventan fácil. En Brasil, por ejemplo, a Dilma Rousseff la destituyeron por tecnicismos que, si se aplicasen a todos los presidentes, ninguno duraría un año. El verdadero crimen de Dilma, igual que en Perú, fue perder el apoyo del parlamento a un nivel suficiente como para permitir eso.

Pero no es sólo eso. Las reglas escritas no son lo único que cuenta. También hay convenciones. Uruguay tiene también en su constitución la posiblidad de un juicio político al presidente, pero no se hace. No es algo que pase. Sí, legalmente es posible. Pero sería muy raro. La barrera psicológica para aceptar la posiblidad es mucho más alta. A diferencia de Perú, la situación tendría que sentirse mucho más extrema. En Perú, ya están “acostumbrados”. A esta altura, es casi una parte normal del proceso político.

Entonces, ¿por qué pasa esto en Perú? En parte, pasa en Perú porque pasa en Perú. También, sí, influye lo abierta que es la cláusula de “incapacidad moral”, pero no es lo único. El sistema político de Perú también está altamente fragmentado, y lo más común es que ningún gobierno tenga mayorías parlamentarias propias.

Al final, en mi opinión, es una combinación de un poco de todo. Una constitución permisiva, un sistema político fragmentado, y una cultura política que ya incorporó el juicio político como una herramienta más. Todo eso, por supuesto, con una buena dosis de inestabilidad.

Y claro, no puedo dejar de mencionar que esto soy sólo yo hablando sin saber.