Odio manejar
Este post va a ser bastante negativo, lo cual es evidente por el título. Si no querés leer negatividad, sentite libre de saltearlo.
Odio manejar. Lo odio con todo mi ser. Odio los autos, y la cultura alrededor de ellos, y el riesgo que representan para las personas, y el entorno cultural en el que tener auto es un signo de éxito en la vida, y todo el efecto que tiene en la sociedad en su conjunto. Pero también, y esto es de lo que quiero hablar hoy, odio tener un auto y manejarlo. Y no sólo por el estrés de fondo que me genera hacer cosas a las que estoy ideológicamente opuesto (aunque no puedo negar que posiblemente eso coloree el resto de mis apreciaciones).
Odio el costo de tener auto
Tener un auto es caro. El auto en sí es caro, e incluso un auto barato en Uruguay amortizado durante diez años es un gasto considerable. Pero también es caro moverlo (ya sea nafta o electricidad, aunque electricidad es mucho más barato), es caro el mantenimiento, es caro el seguro, es cara la patente, es todo caro. Y seguro que hay más de uno que me va a decir “pero eso no es el auto, son los impuestos”, y puede ser, pero los impuestos que pagás por el auto, y la nafta, y todo eso, no empiezan ni siquiera a cubrir las externalidades negativas que tener un auto producen sobre el resto de la sociedad. Incluso si le bajás los impuestos, el auto no pasa a ser más barato, sólo estás haciendo que alguien más pague ese costo.
Además están los costos más escondidos. Tenés que tener un lugar donde dejar el auto, que implica el riesgo de dejarlo en la calle todas las noches (ese riesgo tiene un costo, y no sólo en estrés, sino que hay una probabilidad mayor a cero de un costo monetario muy alto), o pagar un estacionamiento, o tener el espacio para tenerlo en tu casa y dedicarle ese espacio.
Odio los conductores
Manejar en Uruguay es estresante, porque la gente maneja horrible. Si agarrás esa frase y le cambiás el país, y se la mostrás a un ciudadano de ese país, seguro que dicen “sí, tenés razón”. Podremos tener diferencias ideológicas, culturales, religiosas, económicas, sociales, lo que sea, pero si agarrás dos personas al azar de dos países al azar, capaz que no están de acuerdo en mucho, pero seguro que están de acuerdo con la afirmación “en mi país la gente maneja horrible”.
Obviamente yo no manejo horrible, no, no, yo manejo bien, respeto las normas, y sí, a veces me mando alguna cagada porque estoy cansado o porque me distraje o por lo que sea, pero bueno, es por error, pero el de al lado, ese que acaba de hacer el mismo tipo de cagada que yo a veces hago, ese no, ese maneja horrible, y lo hace a propósito, y porque no le importa. Son situaciones diferentes, y no importa que él piense lo mismo sobre mí, porque es alguien que no conozco y por lo tanto no es una persona sino parte del escenario.
Ok, ta, pero más allá de eso, hay gente que maneja horrible en serio. Sí, sí, todos nos mandamos cagadas a veces, porque somos humanos, y la realidad, si lo pensás bien, es que la mayoría de la gente sí respeta las normas y la convivencia con el resto. Pero el problema con los conductores es que sólo necesitás un porcentaje chico para arruinar todo. Si vas manejando por Avenida Italia desde Ciudad de la Costa hasta el Centro, te vas a cruzar con un montón de autos. y la mayoría no hacen cagadas, y algunos hacen cagadas porque justo se distrajeron o estaban cansados o lo que sea, pero siempre algunos te vas a cruzar que les importa todo un carajo, y hacen cualquier cagada porque no hay nada más importante que ganar la carrera hasta el próximo semáforo, y llegar capaz que veinte segundos más temprano al trabajo. Gente que trata el no estacionar como “se puede estacionar pero prendé los pica pica”, o que trata el no estacionar ni detenerse como “lo anterior, pero limitado a cinco minutos”, o que trata el ceda el paso como un desafío, o que considera que un semáforo en amarillo a dos cuadras significa “apretá el acelerador a fondo”, o que le resultan re graciosas las rayas esas en el medio de la calle y no entiende el concepto de carriles. Gente que se toma el manejar como una experiencia competitiva y no colaborativa.
La mayoría de la gente maneja bien, en cuanto a que no hacen cagadas intencionalmente. Pero no necesitás mucha gente para hacer que la experiencia sea una mierda para el resto. Con unos pocos alcanza. Y al final, es de esos de los que te vas a acordar.
Odio el cansancio que me genera
Manejar me cansa. Es un estrés constante, tenés que estar atento a todo, tenés que mirar para adelante y tres espejos hacia atrás más o menos a la misma vez, y llevar una cuenta de dónde están todos los autos de tu alrededor y uy pará me falta un auto miré mal o es que está en mi punto ciego y justo ahí hay alguien que se tiró a entrar a la Rambla despacito en el medio de tránsito moviéndose a 90km/h. A veces manejando de repente mirás alrededor y decís “pará, cuándo llegué hasta acá?” y te da la sensación de que no estuviste durante un rato, pero la realidad es que hay una parte tuya que sigue prestando atención, y cansa. Genera un agotamiento mental y físico. Y no quiero ni empezar a hablar de cuando estás trancado en un embotellamiento y es embrague primera acelero embrague segunda acelero embrague freno punto muerto repetir durante diez minutos o más.
Odio el tiempo que pierdo
Ok, sí, si voy en ómnibus tardo cuarenta y cinco minutos o una hora en llegar, y si voy en auto tardo media hora. Pero si voy en ómnibus puedo:
- Leer un libro
- Escuchar un podcast
- Jugar un partido de go
- Mandar mensajes de chat a mis amigos
- Resolver puzzles lógicos
- Buscar cómo resolver ese problema que estaba teniendo con Docker el otro día
- Escribir
Por otro lado, si voy en auto puedo:
- Escuchar un podcast
- Estar solo con mis pensamientos y ponerme de mal humor pero no llorar porque eso me nubla la vista y no me deja manejar
Manejar es una pérdida de tiempo, incluso después de considerar el ahorro de tiempo que supuestamente provee.
Entonces, ¿por qué manejás?
Ta bien, es una buena pregunta. En parte, hay carencias del transporte público en mi ciudad que casi me obligan. En parte, a veces estoy forzado por temas de horario. Intento minimizar cuánto manejo, por todo lo que mencioné arriba, pero no siempre se puede. Tengo la suerte de poder trabajar de manera remota, desde mi casa, lo cual reduce bastante mi necesidad de usar el auto, pero igual hay cosas un poco difíciles de reducir.
Quiero dejar de manejar tanto. En un mundo ideal, no volvería a tocar un volante. Pero después de años de organizar mi vida alrededor del hecho de tener un auto, hay cosas que son más difíciles.
Los casos en los que sigo manejando
- Llevar a mis hijas a la escuela. Entre levantarse temprano, desayunar, preparar todo, agarrar el auto es “la opción fácil”. Igual, ya hablé con mis hijas y el plan es llevarlas en ómnibus cuando vuelvan las clases. Vamos a ver si es viable a esa hora.
- Ir a buscar a mis hijas a la escuela. Esto es más complicado, porque con el trabajo no me da bien el tiempo para ir en ómnibus. Hay otras posibilidades que estoy manejando, pero no me animo a pedirles que vuelvan solas en ómnibus. Capaz que en unos años.
- Las compras. En este momento, mis idas al supermercado son para el surtido semanal. Acá lo puedo atar con otra cosa que quiero hacer que es reducir las compras en grandes superficies. Igualmente, en mi casa se consume bastante agua embotellada, y eso requiere un auto. O, una opción que manejo, que es hacer un pedido y que me lo traigan. Para las cosas que requieren compras más frecuentes (verduras, carnes), hay opciones cerca. El carnicero de acá a la vuelta no le compro porque es racista, pero no es el único en una distancia caminable. Las verduras es más complicado porque la mayoría de las verdulerías de la zona no son muy buenas, y la feria es sólo los viernes y necesito planificar un poco mejor (otro pendiente que tengo).
- El club. Acá hay un problema del sistema de transporte. No hay una buena opción. Lo mejor es hacer un transbordo que termmino poniendo como 45 minutos. En auto estoy en menos de 15. No sé si mis hijas, cansadas después de sus actividades, me la llevan. Creo que esto va a quedar para el futuro.
- Mis idas a Montevideo. Hay razones por las que voy a Montevideo solo. Cosas médicas, reuniones con amigos, etc. Si tengo tiempo, me tomo un ómnibus. El problema es que a veces las reuniones con amigos se van largas, hasta la madrugada. En particular, las reuniones de la Gaming Night Society pueden durar toda la noche. Si duran toda la noche, en realidad, no es grave: ya al otro día hay ómnibus. El problema es que si no, no tengo transporte. La que me queda es un taxi, y un taxi hasta mi casa sale caro, considerablemente más de lo que me sale la nafta para ir y volver.
- Viajes más largos. Si me voy a ir para afuera por un fin de semana con la familia, bueno, ahí me la puedo bancar.
Al final, voy a tener que seguir manejando por un tiempo. Voy a intentar reducir cuánto manejo, pero el verme obligado (sí, por mis propias decisiones pasadas) a manejar no ayuda en nada a reducir mi odio a manejar.