
Normalmente, cuando hablás de ciencia ficción militar, es difícil no comparar con Starship Troopers. En este caso, la comparación más apta sería tal vez con The Forever War.
Livesuit es una historia de ciencia ficción militar puesta en el universo de The Captives War (la serie de la cual el primer libro es The Mercy of Gods. La humanidad lucha contra un enemigo misterioso y genocida, del cual no sabemos nada. Bueno, en realidad, nosotros los lectores sí sabemos, y entendemos un poco más de las motivaciones, pero eso sólo porque sabemos que es el mismo universo de The Mercy of Gods.
Livesuit no habla de los humanos de Anjiin. Los humanos de esta historia no están desconectados del resto, sino que son parte de una comunidad que abarca muchos sistemas estelares. Tantos como para que cuando Kirin, nuestro personaje, escuche sobre mundos que fueron arrasados por un enemigo desconocido, sea la primera vez que escucha mencionar esos planetas.
Kirin se enlista en la infantería livesuit, unas fuerzas especiales con un traje de biotecnología que los mantiene vivos en las condiciones más diversas, saltando de planeta en planeta, intentando frenar los ataques alienígenas.
Al igual que en The Forever War, un componente central de la historia es la dilatación temporal por los viajes interestelares. A diferencia del libro de Haldeman, acá sí existe viaje más rápido que la luz, pero igualmente los personajes experimentan una dilatación temporal que los separa del resto de la humanidad. Kirin lleva cuatro años en servicio (de ocho total), pero eso son años subjetivos. Para el mundo civil que dejó atrás, pasaron cuarenta años ya. La similitud con Haldeman es un poco superficial, igual. Kirin no experimenta el shock cultural de volver a un mundo civil totalmente extraño, sólo el conocimiento de que hubo cambios.
Las historias de ciencia ficción militar tienden a estar en un espectro desde totalmente pro-militar, a totalmente anti-militar. Capaz que hay un poco de sesgo, pero en mi caso siempre me parece mucho mejor el segundo caso. Ahí es donde, de paso, podés encotnrar cosas como The Forever War. Y tonalmente Livesuit tiene bastante en común con The Forever War. No es sólo el tema de la dilatación temporal causando una separación de la vida civil, sino que de a poco vamos viendo cómo el traje que usan va de a poco reemplazando partes de los soldados.
El problema con esto es que suena un poco hueco el mensaje anti militarista (si es que de hecho es la itnención de los autores) dado el contexto. Yendo al otro extremo, cuando tenés un libro pro-militar, se tiende a tener una justificación para la guerra. Sí, la guerra puede ser brutal, pero es necesaria. De una manera que rara vez pasa en la realidad, porque las guerras que conocemos en general son guerras por recursos o territorio. Sí, es cierto que en nuestra época actual los gobiernos intentan vender sus guerras como asuntos existenciales, y muchas veces se está peleando por la vida de miles o incluso millones. Pero la clase de guerra de exterminio que justificaría cualquier precio es poco común en la realidad. Poniéndolo un poco más crudamente, que vengan a cambiar la bandera en el Palacio Legislativo no sería un problema existencial para mí, aunque sí lo sea para el país.
Conversamente, cuando el mensaje es más anti-militarista, terminamos viendo cómo esa posible negociación no es tan imposible como nos dijeron. The Forever War, volviendo a ese ejemplo, termina diciendo prácticamente que toda la guerra fue un malentendido e innecesaria una vez que los humanos y sus enemigos mortales lograron comunicarse. El mensaje de que era una guerra existencial era nada más que propaganda. Y, si Livesuit fuese una historia separada, no parte de la serie de Captives War, creo que es lo que hubiese esperado.
El problema es que no es una historia separada. El problema es que sabemos, porque lo vimos a través de los ojos de los Carryx en The Mercy of Gods, que esta es una guerra de exterminio. La consecuencia de perder esta guerra para la humanidad no es económica, no es una reducción en recursos, ni siquiera es la pérdida de la independencia, una bandera diferente en la sede del gobierno. La consecuencia sabemos que es genocidio. Entonces por un lado la historia nos muestra algo y nos dice “che, esto es injustificable, ¿verdad?”, pero por otro lado nos da de entrada una justificación irrebatible.
No sé, capaz que soy sólo yo, o capaz que incluso es la idea que eso te haga sentir incómodo. Pero la sensación que me da no es que los autores hayan querido hacer sentir incómodo al lector. Si fuese eso, entonces ok, puede ser interesante. Pero se siente como si en realidad hubiesen agarrado los tropes de la ciencia ficción militar que conocen, y armado esta historia sin realmente entender qué es lo que está queriendo decir.
De todas formas, el libro está bueno. Es ágil. Los autores saben escribir. Pero bueno, me gustaría volver a la historia de los habitantes de Anjiin ahora, por favor.
★ ★ ★ ★ ☆