El café frío sigue siendo café frío

Nacho - - Tiempo de lectura 2 mins

Voy a empezar diciendo que no me gusta el café. Tuve mi época de más joven donde tomaba café, pero era más por la cafeína que por el gusto, y siempre era con toneladas de azúcar. Pero la realidad es que no me gusta.

Hace un tiempo leí Homeland, el segundo libro de la serie de Little Brother, de Cory Doctorow. Doctorow tiende a meter terribles infodumps sobre cosas que le resultan interesantes que son, como mucho, ligeramente tangenciales a la trama. En Homeland, Marcus, el personaje principal, habla un montón sobre café, y en particular sobre cold brew, que es café hecho en frío. No es lo mismo que hacer café y enfriarlo, es un método diferente. Y según Marcus, que parecía estar canalizando las palabras del autor, es mucho más dulce y más rico, aparte de tener medio bomba de cafeína.

Así que lo tenía que probar. Busqué las instrucciones, compré algunas cosas, lo preparé, y lo probé. Y no me gustó para nada. No tenía, para mí opinión de ignorante, un gusto demasiado diferente a café normal, pero frío. Obviamente, mi primera reacción fue pensar que estaba haciendo las cosas mal, porque mi experiencia no se alineaba para nada con lo que decía el libro. Pero bueno, no quise probar de nuevo, así que por ahí quedó ese primer experimento.

Ayer fui por una cafetería de esas super hipster modernas con el equipo del trabajo, y como hace pila de calor (estoy en Montreal en estos días), no quería hacer mi pedido usual de un chocolate caliente. Así que miré las opciones frías, y tenían cold brew. Excelente, un cold brew hecho por gente que sabe, esta es una buena opción para probarlo realmente.

Y no, la verdad que no. Resulta que no parece que hubiese hecho nada mal la vez que lo intenté, es sólo que no me gusta el café, y punto, no hay mucha vuelta que darle. Eso sí, la bomba de cafeína la sentí.

Para la próxima, ya sé: no me gusta el café, frío, caliente, o como sea. Me pido una limonada.