Capítulo 9: En el que conocimos al no tan pequeño saltamontes
Serie: Nacho e Inés en Ecuador
Este post es muy viejo. Fue escrito muchos años antes de la existencia de este blog, y copiado sin mucha revisión. Fue escrito para una audiencia específica, en otra época.
Ayer me olvidé de contar que fui secuestrado por tres niñas de entre cinco y diez años. Me agarraron como ayuda para caminar por una cuerda que estaba ahí en la playa.
Después de mandar el mail fuimos a cenar. Yo pedí conchas asadas. Estaban ricas, bastante sabrosas y jugosas. La mujer del restaurant me advirtió que las conchas estaban muy saladas, pero para mí estaba bien el nivel de sal. El problema de ese restaurant es que se tomaban su rato para servir la comida. Más de cuarenta minutos esperamos, y éramos los únicos clientes. Igual valió la pena, pero en la costa los tiempos son otros. Y de todas formas, tuvimos la compañía de la perra y el gato del restaurant, que nos vinieron a pedir mimos.
Estuvimos un rato con la gente de la barra de tragos, aunque no tomamos tanto – no es una buena idea levantarse con resaca cuando sabés que tenés un viaje largo de regreso. Estuvimos también conversnado con unos argentinos que hacía tres meses que venían viajando. Eran de Mendoza, y habían cruzado a Chile, y de ahí habían subido todo por la costa.
Hoy volvimos a madrugar. Cinco y cuarto sonó el despertador, nos levantamos, y nos fuimos a buscar el ómnibus, que salía a las seis. Casi morimos intoxicados por el olor del insecticida dentro del ómnibus, pero al menos no nos picó ningún bicho.
En poco más de dos horas llegamos a Esmeraldas, y ahí compramos pasajes para Quito. Una hora y poco de espera en la terminal, y salimos hacia Quito.
El viaje a Quito llevó poco más de seis horas. En el medio hicimos una pausa para estirar los pies, y comer algo. Nosotros no comimos nada, lo cual resultó una buena idea porque las sacudidas del ómnibus en la segunda mitad de la ruta (todo por las montañas) no fueron buenas para el estómago (de Nacho, Inés dice que su estómago es de acero).
Durante la pausa nos encontramos con un saltamontes enorme. Estuvo un buen rato hasta que el gatito del parador lo vió y lo intentó atrapar. No pudo, pero fue divertido verlo intentarlo.
Finalmetne llegamos a Quito, a una terminal en la punta sur de la ciudad. El taxi hasta el hotel nos llevó cuarenta minutos. Llegamos al hotel, hicimos check in, y fuimos a buscar cómo hablar con el padre de Aimee, para hacer el cambio de mochilas.
Ahora nos vamos a ir a cenar con Andrés Aguilar, un jugador de go ecuatoriano. Mañana nos vamos para Cuyabeno, lo cual significa que vamos a estar desconectados por cuatro días. No esperen más novedades hasta el viernes.