Capítulo 3: En el que comemos bizcochos con dulce de leche y queso
Serie: Nacho e Inés en Ecuador
Este post es muy viejo. Fue escrito muchos años antes de la existencia de este blog, y copiado sin mucha revisión. Fue escrito para una audiencia específica, en otra época.
A eso de las diez de la mañana nos pasó a buscar Aimee para llevarnos a Otavalo.
La ruta a Otavalo es bastante complicada. Curvas y curvas y curvas, y a diferencia de las rutas uruguayas las curvas no son sólo en el plano, sino que también tienen una tercera dimensión cuando consideramos la altura. Los efectos que tales cambios de dirección tuvieron en nuestros estómagos no fueron para nada buenos.
En el camino paramos en la ciudad de Cayambe, donde aprovechamos para probar los tradicionales bizcochos. Estos no son los mismos bizcochos a los que estamos acostumbrados en Montevideo: nada de croasanes ni margaritas ni nada de eso. Los bizcochos de Cayambe son palitos de masa horneados. Son muy ricos. Normalmente se comen solos, o con dulce de leche, o con queso de hoja. El dulce de leche ecuatoriano es igual al uruguayo, pero un poco más suave y liviano. Claro que lo de liviano puede ser por la altura. No sé. El queso de hoja es queso, que viene en capas en forma de cilindro.
De ahí fuimos derecho a Otavalo. Otavalo es un pueblo indígena casi en su totalidad. Suponemos que Melany (a quien muchos profesaban su amor en los muros otavaleños) no lo es, dado el nombre, pero no podemos estar seguros.
La principal atracción de Otavalo es el mercado de artesanías. Montones de cosas muy lindas, y turistas regateando. Estuvimos un rato recorriendo y haciendo compras.
A la vuelta paramos en un restaurante re caro (para lo que es acá, los precios son medio altos en Montevideo) que estaba al lado de un lago. Cuando digo al lado, es realmente al lado: mirabas para el costado y era el agua. Muchos patitos en el lago también. Comimos lo que el menú denominaba “plato típico otavaleño”. Obviamente, tenía bananas.
Volvimos al hotel y separamos las cosas que vamos a necesitar en los próximos días de las cosas que vamos a necesitar recién cuando vayamos a Cuyabeno. Mandamos lo de Cuyabeno con el padre de Aimee, que Inés tiene miedo que nos agarre odio por aprovecharnos de él. Como consecuencia estamos bastante más livianos para el viaje a la playa.
Estuvimos haciendo consultas de cómo llegar a Mindo, que es el plan para mañana. El encargado del hotel en el que estamos nos ayudó bastante, e incluso llamó a un hostal en Mindo para preguntar y confirmar cómo llegar, y nos hizo la reserva y todo. La verdad que excelente.
Después de eso salimos a cenar, y nos metimos en uno de esos lugares que parecen re caros, pero al final no era tan caro. Pedimos una picada, pensando que capaz que nos quedábamos con hambre, y no la pudimos terminar. Era enorme ese plato. Acá todos los platos son grandes, y para peor con la falta de oxígeno por la altura cuesta más terminar los platos. También tomamos unos mojitos, que estaban muy buenos (el mío estaba mejor que el de Inés, porque el mío era un mojito de manzana).
Después de cenar fuimos a comprar unas botellitas de agua, y luego al hotel a terminar de aprontar todo porque mañana salimos muy temprano (el ómnibus sale a las ocho, y si lo perdemos no hay otro hasta las tres de la tarde).