Visita relámpago a Acapulco y vuelta a México
Serie: Nacho en México
Este post es muy viejo. Fue escrito muchos años antes de la existencia de este blog, y copiado sin mucha revisión. Fue escrito para una audiencia específica, en otra época.
Ayer me levanté temprano, llevé la ropa a la lavandería, y me volví al refugio del aire acondicionado dentro de la habitación. Tenía que esperar unas tres horas al menos.
A eso de las once fui a buscar la ropa limpia, hice el checkout, y me tomé un taxi hasta la terminal. Al llegar ahí me informaron de que mi creencia de que el viaje hasta Acapulco iba a durar sólo cuatro horas estaba errada. Iba a ser como ocho horas. Y el próximo viaje salía a las dos.
El ómnibus además decidió salir tarde, y lo cierto es que el aire acondicionado no ayudaba demasiado. Además, parecía tener la intención de pararse en cada agrupación de tres o más casas al costado de la carretera.
En un momento, serían ya cerca de las cinco, paramos en un comedor, donde el chofer nos informó que más adelante el paso estaba cerrado, y que teníamos que tomarnos una media hora o igual íbamos a estar bloqueados luego, así que mejor que aprovecháramos para comer algo.
La comida estaba muy bien (pedí unas enchiladas), pero la gente del comedor no aceptaba el hecho de que sí, soy turista, pero hablo en español. Me hablaban en inglés, yo les contestaba en español, ellos me seguían hablando en inglés.
Llegamos a Acapulco cerca de la medianoche. Y yo no tenía hotel. En lugar de hacer lo obvio y preguntarle a otros pasajeros (en particular, el basquetbolista alemán seguro que me podía ayudar), decidí preguntarle a los locales, que me derivaron con los taxis. El taxista me llevó a un hotel donde poco disimuladamente cobró una comisión por la referencia.
Claro que llamar hotel a eso es bastante generoso. Aunque las cucarachas parecían muy a gusto con su habitat, excepto cuando les prendía la luz. Además de mis compañeras de cuarto, otros problemas incluían falta de aire acondicionado, un ventilador ruidoso e ineficiente, la incómoda ubicación del único enchufe donde cargar mi celular (en el baño), el piso pegajoso por la humedad, la apariencia poco segura de las ventanas (que dan todas al pasillo, incluída la del baño), entre otras.
Entre el calor, la humedad, el ruido del ventilador, y el mal humor, creo que debo haber dormido sólo dos horas. Claro que no ayudó para nada que el no poder dormir me pusiera más de mal humor. En algún momento de la noche decidí que odiaba Acapulco y que me volvía a México un día antes.
Finalmente, cerca de las ocho y media (al final me enganché con algo de tele), me levanté, hice el checkout, y me fui a la tarminal.
El taxista era conversador, y tenía una muy buena opinión de Uruguay, Paraguay, Guatemala, y todos esos países chiquitos de América Central que veía en la televisión.
El ómnibus de Acapulco a México era caro, pero muy cómodo. Además, los asientos tenían pantallas individuales, que resultaron ser básicamente tabletas Android empotradas, con un launcher altamente personalizado. Y ta, creo que eso es lo bueno que tenían. Los juegos no estaban pensados para un touchscreen berreta (el touchscreen de esos sistemas está hecho para seleccionar qué película ver y punto, no para jugar al jueguito de aterrizar aviones, y la distancia entre el asiento y la pantalla dificulta más), el reproductor de música que le metieron es malísimo, te ofrece usar internet pero sin conexión, y las películas que había eran casi todas malas. Aunque pude ver Star Trek, la nueva, que no había visto. Está simpática, pero es una lástima que a la mitad de la película cambie de idioma y deje de estar en inglés y subtitulada en español (subtítulos malos, también, iban a velocidad de doblamiento) para estar en español y sin subtítulos. Creo que tengo que agradecer que no haya cambiado a japonés después.
Llegué a México y me subí al metro, y busqué la forma más estúpida e ineficiente de llegar desde la estación de ómnibus a la estación de metro cerca del hostal. Creo que la encontré. Fui de una punta de la ciudad a la otra para hacer ese transbordo, pero hey, al menos no hice dos transbordos.
Aproveché para almorzar, y me vine al hostal. La reserva la tenía hecha a partir de mañana, así que venía sin saber si iba a tener lugar. Por supuesto, llegué y no había nadie en recepción, así que me senté a esperar. Tres horas después aparecieron algunos jugadores de go que estaban en trámites de la organización y que además transportaban con ellos al jugador profesional coreano. Este último estaba muy cansado, así que se fue a dormir una siesta, mientras el resto nos fuimos a tomar algo.
Mientras estábamos conversando, unos niños vendedores callejeros se nos acercaron y les enseñamos las básicas del go. Les gustó bastante, parece.
Volvimos al hostal y ahí pude finalmente tener alojamiento. El pro se despertó también, así que fuimos a cenar, y cenamos tacos.
Ahora estoy cayéndome de sueño, pero no quería dejar pasar dos días sin mandar reporte. Pero bueno, me voy a dormir, chau.