Viaje a Oaxaca

Nacho - - Tiempo de lectura 3 mins

Serie: Nacho en México

Este post es muy viejo. Fue escrito muchos años antes de la existencia de este blog, y copiado sin mucha revisión. Fue escrito para una audiencia específica, en otra época.

Hoy me desperté bien temprano para viajar a Oaxaca. Ya tenía todo casi listo, así que preparé las dos o tres cosas que me faltaban, y… esperé.

La cosa es que era de noche todavía, y no tenía ganas de salir de noche. Sobre todo porque no iba a haber nadie en la recepción. Finalmente, mirando la hora, me dí cuenta de que no había chance de que llegara si no me apuraba. Tenía miedo de que el metro estuviera cerrado, pero no tenía otra opción: el ómnibus salía a las siete y media, y ya eran seis y media.

Fui a la recepción, y como había nadie dejé la llave con una nota. Me fui hasta el metro, que por suerte estaba abierto.

Por supuesto, no llegué a tiempo. Lo cual en parte es bueno, porque así pude desayunar antes del viaje. Compré el pasaje, y me dispuse a hacer nada durante dos horas y media.

A las diez salió mi ómnibus. Otra vez me manosearon para pasar a la zona de andenes, y otra vez me manosearon para subir al ómnibus.

El viaje fue bastante tranquilo. La ruta es casi toda por medio de las montañas, y hay unas vistas re lindas. No saqué fotos porque iba medio dormido. Pero a la vuelta corrijo ese problema. El único inconveniente en el viaje fue que había un tramo en reparación y se iba alternando – un rato pasaba gente en una dirección, y otro rato gente en la dirección opuesta. Mientras tanto, vendedores ambulantes aprovecharon para subir a ofrecer sus bienes. Me asombró que estuvieran ahí, dado que no había estructura ninguna (ni permanente ni provisoria) en los alrededores. Pero el misterio se disipó cuando pararon un ómnibus y se subieron.

Finalmente, a eso de las cuatro y media, llegamos a Oaxaca. Eso es casi una hora menos que el tiempo estimado de viaje. Salí de la estación y me encontré de frente con un hotel, pero no me caía simpático (parecía demasiado chico), así que entré a caminar. Evidentemente le erré de dirección, porque me costó encontrar otro hotel. Al final encontré uno, me registré, y salí a buscar algo de comer, ya que no había almorzado. Ahí sí había montones de hoteles.

Todavía es temprano, pero me parece que voy a terminar el día acá. Ir hasta el centro histórico lleva un rato, me parece, y estoy medio cansado. Mañana voy a pasear. El domingo dejo Oaxaca, pero todavía no definí hacia dónde.

¡Un abrazo!