Este post es muy viejo. Fue escrito muchos años antes de la existencia de este blog, y copiado sin mucha revisión. Fue escrito para una audiencia específica, en otra época.
Hoy me levanté a las ocho y salí a caminar por Oaxaca.
Lo primero que uno nota de Oaxaca es que a las ocho de la mañana de un sábado no hay mucha gente despierta, excepto algunos haciendo ejercicio en la plaza. Caminando un poco más, encontré la largada de un rally que estaba preparándose. Lo primero que quise hacer fue visitar la casa de Benito Juárez, pero no abría hasta las diez de la mañana, y todavía no eran las nueve.
Me fui entonces a caminar. Encontré un par de áreas de vendedores ambulantes preparándose para armar, y paseé por el Mercado Juárez y por el Mercado 20 de Noviembre, que está casi al lado.
En Oaxaca la mitad de los edificios son iglesias. La otra mitad tienen nombres relacionados de alguna manera con Juárez – ya sea en honor a él, o a su esposa, o lo que sea.
Cuando ya era poco más de las diez pasé de nuevo por la casa de Juárez, pero seguía cerrada. Un hombre que estaba abriéndola me dijo que en un par de minutos iba a estar, así que fui hasta la esquina a comprar una botella de agua y volví.
El museo de la casa de Juárez es interesante, pero no tiene mucha cosa que no haya ya visto en la otra exposición sobre él que ví en Ciudad de México. Pasan eso sí un documental, que resume toda su vida, pero tiene como contra que exagera demasiado con la veneración de Juárez.
Cuando estaba por salir del museo, una sensación de diarrea inminente me atacó. No estaba particularmente cerca del hotel, pero ya veía que no iba a tener otra opción que apurar el paso. Fueron unos veinticinco minutos muy tensos, pero finalmente llegué a tiempo al hotel. Esperé alrededor de una hora para estar seguro que era sólo algo pasajero, y volví a salir.
Mi intención era almorzar, ya que era más de doce y media, pero con un poco de malestar estomacal todavía no sentía muchas ganas, así que seguí caminando.
Pasé por uno de los conglomerados de tiendas de ropa e hice un par de compras. Finalmente me empezó a dar hambre, así que fui a buscar un lugar para comer.
No sé bien qué tenía lo que pedí, pero no me gustó. Creo que era una salsa basada en chocolate. No quedaba bien con el pollo y el arroz. En el proceso, me tiré toda la salsa encima. Y me había puesto el pantalón nuevo.
Seguí luego caminando (di vueltas por la misma zona varias veces, en realidad, la parte histórica de Oaxaca no es muy grande), y entré a comprar un par de cosas más al Mercado Juárez. Aproveché para comprar chapulines, y compré suficientes para llevar a casa. Me dijo la mujer que me los vendió que no se ponen feos hasta al menos un mes después, así que está bien.
A esa altura mis pies se estaban quejando, en particular la ampolla del pie izquierdo, así que decidí volver al hotel. Hice una pausa en el Paseo Juárez (que es una plaza re linda) a descansar un poco y a simplemente hacer nada por unos minutos, y luego otra en la estación de ómnibus a mirar horarios y tratar de decidir a dónde voy mañana. Mi plan era Puerto Escondido, que se supone que es una linda playa, pero no hay viaje hacia ahí los domingos, así que todavía no sé qué voy a hacer.