Este post es muy viejo. Fue escrito muchos años antes de la existencia de este blog, y copiado sin mucha revisión. Fue escrito para una audiencia específica, en otra época.
Sí, ya sé que el título está escrito fonéticamente a lo chancho (no tengo teclado en ruso acá) y que es gramaticalmente incorrecto (seguro que tengo que declinar algún sustantivo ahí). Pero bueno.
En el último episodio de esta apasionante saga, quedamos en que estábamos en Bottrop, disfrutando de la hospitalidad de Lucía y Klaus (y Kirsten y Frisky y Sonora y Dino). El sábado de noche le enseñamos a Lucía a jugar al Carcassonne (le ganó a Inés) y aprendimos a jugar Fits (es como un tetris de tablero) y Labyrinth (un Carcassonne light, digamos, aunque nada que ver), mientras que Klaus hacía la cena en el grill. La cena buenísima, carne, salchichas, etc. Nos malcriaron pila.
El domingo nos levantamos tarde, desayunamos más tarde todavía, y después salimos a pasear un poco por Dusseldorf, con perritos incluídos, y terminamos almorzando comida portuguesa (o al menos salida de un restaurante portugues) a orillas del Rhin. Todo muy rico, todo muy lindo, y en eso estábamos cuando llamaron del hospital a Klaus y a Lucía porque había una urgencia, así que volvimos a la casa con Lucía mientras que Klaus se iba a salvar vidas.
Terminamos de preparar los bolsos, y cuando Klaus y Kirsten volvieron (con los perritos) nos despedimos de ellos, y se fueron a llevar a los perritos a sus vacaciones en Magdeburg. Lucía nos llevó al aeropuerto, nos despedimos, y nos fuimos a hacer check.in, que no es tan fácil como parece, ya que ahora Lufthansa insiste en que usemos el check-in electrónico. Obviamente no pudimos (demasiada tecnología, y no nos quería leer el pasaporte la máquina del demonio), así que terminamos pidiendo ayuda en el mostrador de depósito de equipaje, donde nos hicieron el check-in ellos.
El vuelo a Madrid tuvo cero incidentes. El avión era ligeramente más grande que a la vuelta (y ligeramente en serio, era de la misma serie pero un modelo más nuevo). Creo que usan pilotos enanos. Al llegar a Madrid, ganamos por primera vez en la ruleta del equipaje: nuestras mochilas fueron las primeras en aparecer en la cinta! (Inés acota que la de ella salió primera, pero yo creo que estábamos jugando como equipo y no individualmente)
Nuestro plan original era quedarnos en Atocha (la estación de trenes grande de Madrid) hasta que saliera el siguiente tren a Barcelona (5:50). Llegamos a Atocha sin problemas (sólo un susto en el metro cuando leímos un cartel de que había un tramo cerrado por obras pero no sabíamos si nos tocaba ese tramo o no), pero evidentemente ahí fue cuando empezaron los problemas: la estación cierra a la 1:30, y no puede quedar nadie adentro. Así que chau nuestro plan. Lo siguiente era ver si podíamos dejar el equipaje en la estación, pero no encontramos dónde, así que salimos a cazar un hotel a las once y media de la noche cargados con las mochilas. Al final encontramos uno, creemos que un poco caro, pero dentro de lo razonable (y según Rafael, los precios por esa zona son así, así que está bien). En definitiva, pudimos dormir un poco.
Como creíamos que la venta de boletos de tren abría más tarde de lo que en realidad habría, dormimos hasta seis y media, hicimos el check-out, y nos fuimos a Atocha a tomar el tren a Barcelona.
En el tren, vimos Vicky el Vikingo. No hay palabras para describir lo mala que es esa película. Inés, como siempre, se durmió.
Llegamos a Barcelona, a la estación Sants, y nos tomamos el tren a Figueres. Que tarda lo mismo que de Madrid a Barcelona.
Cuando llegamos a Figueres, estaba Rafael esperándonos ahí en la estación, y fuimos a un hotel que había encontrado. Luego salimos a pasear, miramos un museo de un tal Dalí, que estaba lleno de rusos por todos lados (y finalmente, se explica el misterio del título!). Eran como dos o tres tours de rusos dando vueltas. El museo en sí, muy lindo, muy interesante, pero creo que Inés lo disfrutó bastante más que Rafael y yo combinados, lo cual era de esperarse.
Después fuimos a comer unas cosas árabes re geniales, y a buscar al Nacho chico a la escuela, que no nos quiso saludar, pero lo perdonamos porque casi no nos conoce a esta altura, y yo también odiaba tener que saludar a los viejos cuando era chico. Y ahora también, pero bueno, me la tengo que bancar.
Fuimos hasta la casa del nene a que agarrara ropa, y de ahí a alquilar un auto y a pasear por las playas: Roses, Cadaqués, y otras más. La carretera por esa zona (en particular Roses-Cadaqués) tiene montañas grandotas, con precipicios al costado de la carretera. Re lindo. Lo bueno es que si nos caíamos, la cantidad a pagar por romper el auto no era todo el auto sino sólo seiscientos euros. Eso, y como íbamos a estar muertos, no nos iba a importar.
En las playas no nos bañamos porque no tenemos trajes de baño ni nada y había mucho viento. Pero sí estuvimos tirando piedras al agua y haciendo sapitos.
Después fuimos para el otro lado de Figueres, a Besalú. Ahí había un puente, construído allá por el año 1000, reconstruído varias veces, la última después de que lo volaran en el 39 durante la guerra civil. También tiramos piedras ahí, porque donde hay un puente hay un río, y donde hay un río hay agua, y donde hay agua se puede hacer sapitos.
Y al final nos volvimos a Figueres, y Nacho (el otro) consultó su reloj y determinó que, dada la hora, tenía hambre. Estuvimos todos de acuerdo, y fuimos a comer a un restaurant cuya principal atracción era un proyector con un partido de España. Cuando llegamos, acababa de meter el segundo gol España. Mientras estuvimos ahí, erraron un penal. Definitivamente, somos yeta.
Y de ahí al hotel, a dormir. No le digan a nadie, pero Nacho se quedó con nosotros aunque la habitación era para tres.
Hoy nos levantamos temprano, Rafael llevó a Nacho a la escuela, y nos fuimos a pasear a Barcelona. Vimos la Sagrada Familia (desde afuera, la cola para entrar abarcaba dos cuadras), la rambla, algunos edificios de Gaudí, y compramos jueguitos (1936 Guerra Civil, 2 de mayo, Blackbeard, y Ekonos). También pasamos por el mercado de Sant Josep (o Joseph, me marea el catalán, la cosa es que es José) que es como una feria pero enoooorme y con muchos pescados y cosas. Vendían una rareza ahí: auténtico chimichurri de Argentina y Uruguay. “Almorzamos” (entre comillas porque era poco y todavía tengo hambre) unos pinchitos que compramos ahí. Muy ricos.
Y ahora nos volvimos a Figueres, que es en un rato la obra de teatro de fin de curso de Nacho. Pensamos ir, sacar fotos, y no entender nada, ya que seguro que es en catalán.
Mañana el plan es ir a Barcelona, y quedarnos por allá. Tendremos que ir a la playa de noche, que es la noche de San Juan y acá es re importante eso. Luego el 24 de mañana temprano salimos para Bilbao.
Inés subió algunas fotos a Flickr. No son todas las que teníamos al momento, ni todas las que sacamos en esos lugares. Son sólo las que estaban en la cámara de Rafael. Están en http://www.flickr.com/photos/nachof/collections/72157624296846312/
Intentaremos mandar otro mail en algún punto del futuro cercano.
Besos!